Franquicia

¿Por qué nuestro cerebro puede sentirse dentro de un mundo que no existe?

 

Una montaña que no existe puede provocar vértigo. Un objeto virtual puede hacer que apartemos la mano. Y un espacio digital puede hacernos reaccionar como si realmente estuviéramos allí.

 

No es que nuestro cerebro “crea” literalmente que ese mundo es real. Lo interesante es que cuando una experiencia de realidad virtual está bien diseñada, nuestro cerebro puede procesar lo que ocurre en ella como un entorno en el que participamos, no simplemente como una imagen que observamos.

 

El cerebro no solo ve: interpreta

 

Nuestro cerebro construye constantemente una representación del entorno a partir de diferentes señales: lo que vemos, lo que escuchamos y, especialmente, lo que percibimos sobre la posición y el movimiento de nuestro propio cuerpo.

 

La realidad virtual aprovecha precisamente este mecanismo. El mundo que vemos es digital, pero las respuestas que utilizamos para interactuar con él son reales. Giramos la cabeza, caminamos, esquivamos, nos acercamos a un objeto o cambiamos de dirección, y el entorno responde a nuestras acciones. Además, esto elimina el motion sickness en EVA por completo.

 

Por eso, la inmersión no depende únicamente de contar con gráficos espectaculares. Depende de que exista una relación coherente entre lo que hacemos y lo que sucede a nuestro alrededor.

 

Cuando el cuerpo entra en el juego

 

Aquí es donde el free-roam VR introduce una diferencia fundamental.

 

En una experiencia tradicional, gran parte de la interacción puede producirse desde una posición fija. En un entorno free-roam, el jugador utiliza su propio cuerpo para desplazarse por un espacio físico mientras explora un entorno virtual.

 

En EVA, esta característica es una parte esencial de la experiencia. Las arenas de 500 m² permiten que los jugadores se muevan, se encuentren, se separen, se coordinen y reaccionen físicamente mientras comparten el mismo mundo virtual.

 

La experiencia deja de ser únicamente “ponerse unas gafas” y pasa a convertirse en una actividad en la que el espacio, el movimiento y la interacción tienen un papel protagonista.

 

La sensación de estar allí

 

En realidad virtual existe un concepto especialmente interesante: la presencia. Es la sensación de estar dentro de un entorno, aunque racionalmente sepamos que estamos utilizando un dispositivo.

 

Esa sensación se vuelve especialmente potente cuando nuestras acciones tienen consecuencias inmediatas en el mundo virtual. Si avanzamos, el entorno cambia con nosotros. Si giramos, nuestra perspectiva cambia. Si otro jugador se mueve a nuestro lado, podemos reaccionar a su posición.

 

En EVA, además, esa experiencia no ocurre de manera individual. Varios jugadores comparten el mismo entorno y deben comunicarse, coordinarse y reaccionar juntos. El resultado combina tecnología, movimiento físico e interacción social en una misma experiencia.

 

Y esto es precisamente lo que hace que una arena EVA sea diferente de una experiencia VR convencional: no se trata solamente del contenido que aparece dentro del visor, sino de todo lo que ocurre alrededor de él.

 

De la tecnología a una experiencia que las personas recuerdan

 

Para un negocio de entretenimiento, esta diferencia es especialmente relevante. La tecnología por sí sola no garantiza que una experiencia tenga valor. Lo importante es lo que permite crear con ella.

 

Cuando la realidad virtual consigue involucrar al cuerpo, generar interacción entre personas y ofrecer un entorno que responde a sus acciones, puede convertirse en mucho más que una forma diferente de jugar. Puede crear una experiencia social, competitiva y memorable.

 

Ese es uno de los principios sobre los que EVA ha construido su concepto: utilizar la tecnología como herramienta para crear experiencias de entretenimiento que las personas quieran vivir, compartir y volver a experimentar.

 

Para un futuro franquiciado, entender esta diferencia también significa entender qué está adquiriendo realmente al entrar en el modelo EVA. No se trata únicamente de equipamiento VR, sino de un concepto de entretenimiento construido alrededor de tecnología, contenido, espacio, operación y experiencia de cliente.

 

¿Quieres conocer cómo funciona el concepto EVA?

 

La realidad virtual puede crear mundos que no existen. Pero el verdadero valor está en conseguir que las personas quieran entrar en ellos y, al hacerlo, vivan una experiencia de verdad.

 

Si estás explorando oportunidades de negocio en entretenimiento y quieres entender cómo EVA convierte esta tecnología en un modelo de experiencia inmersiva, conoce cómo funciona la franquicia EVA y descubre qué hay detrás de una de nuestras arenas.

 

 

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